Saliendo de la Cárcel del Ego – articulo

 

“Elige las semillas de lo que deseas cosechar en tu vida, plántalas y cuídalas con lo mejor de ti y TARDE O TEMPRANO recogerás el fruto deseado”

 

Ilustracion de Mila Marquis

Estas fueron las palabras que le dijo el sabio maestro a sus discípulos.

Y ¿dónde las buscamos, maestro? “  Dijo uno de ellos.

“Dentro de vuestros corazones, donde reside lo bueno y lo malo de vosotros.  Es menester elegir las que queréis cosechar en vuestra vida y hacerlas germinar”. Contestó.

Y…eso ¿cómo lo hacemos?”  Preguntaron.

Y el sabio maestro les explicó:

La mayoría de semillas no germinan inmediatamente, lo hacen en el momento oportuno. Parecen dormidas pero no lo están, tan solo esperan el instante propicio.  En su minúscula forma, si son plantadas en tierra fértil, próspera, prolífica se facilitará su germinación, como el más delicioso fruto o la más bella flor. Por el contrario, si se siembran en una tierra seca, dura, áspera, su resultado será pobre o inexistente.

Así, vuestras emociones y sentimientos son semillas que una vez despiertas debéis hacerlas crecer con lo mejor de vosotros para que florezcan en el terreno que abonaréis todos los días, un terreno amable, benévolo… pero no olvidéis que existen, como ocurre en el mundo vegetal con las malas hierbas invasoras, emociones y sentimientos negativos que también crecerán si los dejamos germinar en nosotros.  Así que desde nuestra conciencia, nos convertiremos en nuestros propios jardineros, eligiendo y haciendo que nuestro “jardín interior” siempre luzca hermoso.

Aquellas palabras resonaron en la mente de los discípulos y todos empezaron a buscar dentro de sus corazones con tal de hacer esa criba de semillas que les iba a acercar a la armonía, y uno, con más avidez que el resto, gritó:

¡¡Ya está!! ¡¡Las he encontrado maestro!! Si entras dentro del corazón la primera que te encuentras es la semilla de la duda seguida de la inseguridad y a continuación la desconfianza, también hay miedo tras ellas. Y si sigues buscando encuentras semillas de juicio, dureza y hay algunas también de maldad y soberbia, incredulidad y alguna también he visto de odio y todas tienen en común su aspecto oscuro, y su rugosidad…pero no he visto las que tú dices maestro, pues ninguna de las mencionadas me ha hecho sentir bien”

Y el sabio maestro le contestó:

Muy pronto las vas a ver, pues ya has dado el primer paso, has tenido la suficiente valentía y humildad para adentrarte en tu corazón, así que ya has encontrado sin darte cuenta las dos semillas principales que van a hacer cambiar tu actitud y, por ende, tu vida”

 Está claro que es más costoso mirar dentro de nosotros que permanecer en la inopia.  Tan solo es de valientes reconocer con humildad los cientos de tretas que urdirá nuestro ego para parecer mejores y más listos escondiendo, cuanto más mejor, aquello que pensamos nos hace vulnerables.