Discurso mental

Ilustración de Mila Marquis

No dejo de sorprenderme cómo funciona la psique humana…

Cuando vamos a hacer algo sea o no por iniciativa propia, aparecen los “tengos ques” o lo que es peor “los tendría que”  o los ya terriblemente peor “debo de” o “debería de”. Al escuchar estas palabras, sea en voz de otros o en la nuestra propia representando nuestra conciencia, nuestra mente empieza a perder la calma y entrar en el terreno del agobio y de las deudas. Inconscientemente se produce una sensación de carga, de obligaciones, de imposiciones tanto sea impuesta por otros como por nosotros mismos sobre nosotros, y convertimos los “tengo que” en una forma de llenado de nuestras vidas, sobrealimentando la idea de que somos personas inmensamente ocupadas, entregadas y, la mayoría de las veces, preocupadas.

 

Ilustración de Mila Marquis

Entonces, si esto es así, quizás si cambiamos nuestros pensamientos y nos dirigimos, en lugar de llenarnos a VACIARNOS, cambiará nuestra actitud. Si en lugar de los “tengo que…Debo de…” empleamos las palabras DEJAR DE… conmensurablemente sentimos una descarga  ya que indudablemente soltamos lastre. Los humanos somos así, en nuestras innumerables actividades de llenado para después quejarnos a nuestras anchas,  en el momento en que las vamos concluyendo vamos respirando aliviados. Otra cosa es cuánto tiempo tardamos en volver a llenarnos de algo para quejarnos a posteriori.

No se trata de hacer, hacer, cuanto más mejor. La mayoría de veces de lo que se trata es de DEJAR DE…decir/hacer lo que hemos develado que a corto, medio, largo plazo nos hace daño. La cuestión está en que desde nuestra creciente presencia y consciencia vayamos descubriendo esos sentimientos y pensamientos que nos hacen decir o hacer cosas cuyo resultado sabemos que en el fondo no deseamos, y sabemos que no deseamos porque nos hace infelices.

Así pues intentemos cambiar y aligerar nuestro modo de pensar/decir las cosas cambiando nuestras expresiones y discurso mental, ya que nuestra mente-ego,  de forma sutil, sin que nos demos cuenta nunca DEJA DE maquinar cosas para arrastrarnos a su pozo.   A continuación pongo un ejemplo:

“Cuando conduzco TENGO QUE calmarme cuando alguien me adelanta de forma desconsiderada, y pensar que llegaré a la misma hora a mi destino y sin duda más relajado.”

Sugiere obligación por mi parte, TENGO QUE … por lo que además me crea sibilinamente  la ansiedad y el pensamiento de ser incapaz si no lo consigo.

“Si DEJO DE enfadarme cuando conduzco porque alguien me adelante de forma desconsiderada, llegaré a la misma hora a mi destino y sin duda más relajado.“

Dicho así no sugiere obligación, sino OPCION, puedo elegir o no enfadarme, pero sin que me presione el subconsciente. De lo que se trata es cambiar el enfoque de nuestros pensamientos que con el tiempo y constancia cambiarán nuestros dichos y hechos y por supuesto, nuestras emociones.